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Estás en un hotel, te acercas al desayuno, te sirves unos huevos con bacon… y no le das mayor importancia. Pero si lo piensas bien, hay una gran diferencia entre ambos ingredientes.

Los huevos los ha puesto una gallina. El bacon lo ha dado un cerdo.
La gallina ha colaborado. El cerdo… se ha implicado.

La metáfora es tan sencilla como reveladora.

La gallina contribuye sin arriesgar. El cerdo, en cambio, lo entrega todo. No participa desde la distancia. Se compromete, se expone, se involucra sin reservas.

Si trasladamos esta imagen al mundo empresarial, la conclusión es tan provocadora como real: sobran gallinas y faltan cerdos.

Abundan los profesionales que cumplen con lo establecido, que asisten, que entregan lo que se les pide. Colaboran, sí. Pero el compromiso profundo —ese que sostiene el propósito cuando nadie aplaude— escasea cada vez más.

Colaborar es estar.
Implicarse es apostar.

Colaborar es ejecutar.
Implicarse es liderar, aunque no tengas cargo.

Colaborar es cumplir.
Implicarse es construir, asumir, defender y transformar.

Y eso no se exige. Se inspira. Se contagia. Se reconoce.



¿Por qué escasea la implicación?

No es solo una cuestión de actitud. También es fruto del entorno:

• Cultura cortoplacista: Si todo se mide en trimestres, nadie apuesta por el largo plazo.
• Liderazgos difusos: Sin visión ni coherencia, nadie sigue con convicción.
• Entornos indiferentes: Donde se penaliza el error y se ignora el esfuerzo, se premia la pasividad.

Muchos fueron “cerdos” en su día, hasta que la burocracia o la desmotivación los convirtieron en gallinas resignadas.

Y algo aún más importante: quienes se implican también se desgastan.

Si no hay reconocimiento, acaban apagándose. Por eso, además de inspirarlos, hay que valorarlos y protegerlos.



El liderazgo verdadero también se implica.

Liderar no es exigir compromiso, sino generarlo con el ejemplo.

No basta con pedir implicación. Hay que hacer que valga la pena implicarse.

Las organizaciones que marcan la diferencia no están hechas solo de perfiles brillantes o gallinas eficientes. Están hechas de personas que se la juegan, que cuidan lo invisible, que sostienen el propósito incluso en silencio.

Queremos empresas más ágiles, humanas y valientes. Pero eso no se consigue con gallinas amables y bien formadas. Hace falta gente que se implique de verdad.



Porque sí, en las empresas faltan cerdos.
Y lo más preocupante no es que falten…
Es que a veces nadie los echa de menos.

carles xifre

- Director general en AUCTORITAS BC
- Anteriormente Director de EDARA
- Director Académico y Profesor en ESADE Business School PADD Program Automobile Dealer Development, Madrid y Barcelona